Nuevas investigaciones científicas volvieron a corroborar los elevados niveles de contaminación orgánica e inorgánica que registran las aguas del arroyo El Gato, en un proceso que afecta directamente la calidad de las aguas del Río de la Plata y del Río Santiago, tal como quedó determinado en un reciente estudio realizado por expertos de la UNLP.
Tal como se detalló en la nota publicada en este diario, si bien se reconocieron como positivas las tareas hidráulicas que se realizan en ese curso, se solicitó que el Gobierno encare de manera urgente su saneamiento para contrarrestar esa “cloaca a cielo abierto”, según la denominaron.
Lo concreto es que observadores de la clínica de Defensa del Consumidor de la facultad de Derecho, con el concurso de expertos, comprobaron que los afluentes cloacales, sólidos domiciliarios y desperdicios industriales son arrastrados hasta desembocar a unos mil metros de la boca que toma el agua para potabilizar en la planta de Punta Lara, que se consume en la Región. Además aseguraron que la cámara que se encuentra en la planta de tratamiento que Absa tiene atrás del Mercado Regional muestra un caudal cloacal mucho mayor que hace un año.
En ese sentido, las conclusiones aportadas por investigadores de Ciencias Exactas no pudieron ser más desalentadoras: las sustancias fecales detectadas en el arroyo El Gato quintuplican los niveles permitidos. Por su parte, profesionales que se interesan en el tema afirmaron que no se está haciendo absolutamente nada para sanear ese curso hídrico, que cruza de oeste a este los partidos de La Plata y Ensenada.
Los expertos intervinientes en el estudio coincidieron en que las tareas que se realizan no contemplan el saneamiento y que, por ello, decidieron exhortar a las autoridades a que se construya una planta de tratamiento en Ringuelet, ya que la planta existente no funciona desde hace años.
El caso del arroyo El Gato es paradigmático. Considerado, por sus altísimos niveles de contaminación, como el “Riachuelo” platense, sólo algunos memoriosos recuerdan aún que era disfrutado por habitantes de la región en tiempos en los que el arroyo llegaba limpio al Río de la Plata.
Sin embargo, el panorama actual, al que se llegó luego de un proceso de degradación constante, es totalmente diferente y son los habitantes de la cuenca los primeros en formular justificados y constantes reclamos.
Sólo la puntual detección de las fuentes contaminantes, la debida identificación de personas, empresas y funcionarios responsables del deterioro ambiental -tal como lo requirieron años atrás los vecinos en una denuncia penal formulada- la aplicación de multas y de las sanciones más severas previstas, en medidas que debieran aplicarse en forma sostenida y por el tiempo que sea necesario, podrán volver eficaz la prometida tarea de depuración.
Lo trascendente es que está en juego la salud de la población y la calidad del medio ambiente. Y es el Estado el que, en el caso del arroyo El Gato, en lugar de contaminar, debe actuar con la mayor celeridad para defender esos valores. A través, inclusive, de los organismos judiciales a los que últimamente la población acude, en busca de defensas institucionales frente a la degradación ambiental en la que, injustamente, deben vivir.
SUSCRIBITE a esta promo especial